Valparaíso y el dilema de avanzar sin descuidar su patrimonio.

En esta oportunidad, se suma a nuestro selecto grupo de colaboradores, José Miguel Peña Virgili, un arquitecto egresado de la Universidad del Bío Bío. Con estudios profesionales en el Technische Universitat de Berlín, Alemania y dedicado a aplicar todos los conocimientos y la experiencia que ha adquirido a lo largo de su trayectoria, hoy nos entrega su opinión al respecto de Valparaíso y la construcción del nuevo Terminal 2 y el Mall del sector de Barón.

Fotografía del arquitecto José Miguel Peña Virgili
“No existe otra conclusión más evidente que construir el Terminal 2 del Puerto es una necesidad inminente” – José Miguel Peña Virgili.

La construcción del nuevo Terminal 2 en el Puerto de Valparaíso y el levantamiento de un centro comercial en el sector de Barón, han generado una discusión generalizada a nivel local como regional, haciendo de estos hechos la controversia misma. Como la mayoría de las veces, es recomendable estudiar los distintos puntos de vistas para analizar las aristas del problema y rescatar los principios favorables y desfavorables de estos acontecimientos. Más que aspiraciones, estos proyectos ya pasaron las fases de evaluación y a medida que pasa el tiempo, cada vez se vuelven más concretos.

Ser ciudadanos que exigen sus derechos como tales, no son sólo aquellos que se empoderan frente a sus autoridades, sino que también son quienes se atreven a exigir acciones a través de la constante información y participación activa, considerando perspectivas completas para que sus valores tengan el peso fundamental para cumplirlos, todo con la finalidad de que sus exigencias sean dirigidas hacia el desarrollo y no a la ruina.

De esta manera, cabe destacar que Valparaíso ha sobresalido auténticamente en Chile y en todo el mundo por la relevancia en el contexto de preservación de patrimonio cultural, conservando al máximo su esencia y fortuna como lugar de circulación de bienes y productos, primordialmente, en el país, pero también a nivel internacional.

Dada esa condición, posee retos significativos, más allá de los altercados acerca de pormenores que pueden ser muy selectos, la mirada desde los distintos aspectos de estos proyectos debe obligarnos a observar los múltiples escenarios que se produzcan. Mundialmente se señala que la productividad de un puerto es uno de los mejores indicadores acerca del progreso en la economía y esto tal vez, incida directamente en la calidad de vida de cualquier nación. Esto ha sido el impulsor que significa Valparaíso para Chile.

Lo primero, siempre ha sido el puerto. Le da la razón y subsistencia a la urbe que se emplazó en torno a él y en su nombre.

En seguida, ese conjunto concordante es lo que ha otorgado popularidad y distinción a nivel global por su capital cultural durante medio siglo. Si el puerto es lo que dio inicios a la formación de una ciudad, desde luego la principal  entonces preocupación para el país y para cualquiera, debiese ser la preservación y el  cuidado de su perfeccionamiento considerando de manera precavida las posibles amenazas que estos contextos tuviesen.

Por otra parte, Valparaíso no forma parte del listado de los 20 principales puertos del mundo según informa el Top World Container Ports, ni  mucho menos destaca como uno de los puertos más importantes del Océano Pacífico, posiciones que por lejos dominan los países y zonas del lado asiático como Corea del Sur, Singapur, China, Hong Kong o Malasia.

Y si de América se trata, existe una competencia gigante: Long Beach y Los Ángeles en Estados Unidos, Panamá, Guayaquil y Manta en Ecuador, El Callao en Perú e incluso los puertos de Arica y San Antonio en nuestro país. El primero impulsado por el movimiento permanente de un cuarto de las exportaciones de Bolivia, mientras “Pancho” peligra durmiéndose en los laureles…

Bajo este argumento, no existe otra conclusión que construir el Terminal 2 del Puerto se transforma en una necesidad inminente. Y lo digo con la misma seguridad de que mi nombre es José Miguel Peña Virgili.

La cuestión entonces se une en aspecto a la del mall en el sector de Barón y se organiza con discusiones en otras zonas de Chile, como fue la puesta en marcha del mall de Chiloé: cuando surge una necesidad de este tipo, el conflicto no es construir o no, sino hacerlo de una forma en la que el patrimonio y la identidad de una geografía se refuerce y no se destruya.

Valparaíso desde el año 1850 se ha visto entrampado en un alto número de incendios de sus construcciones patrimoniales de manera destructiva e irremediable, lo que inclusive causó el establecimiento del cuerpo de Bomberos en el país, pero que hasta hoy en día rinden cuentas de una necesidad inaplazable de auxilio que debiese ser aún más significativo que la inseguridad que provoquen las nuevas edificaciones que pudieran frenar visualizarlas, revelarlas, o de seguro suplirlas.

Cabe mencionar que en el año 2010, a raíz del terremoto del 27/F, se fundó en Chile el Fondo del Patrimonio Cultural que desde aquel momento junta contribuciones de privados y públicos cercanos a los $5 mil millones de pesos al año para la restauración y subsistencia de territorios y labores urbanas de esas particularidades. Evidentemente fue un paso ineludible y efectivo para Chile, pero es totalmente insuficiente para las verdaderas insuficiencias, no dejemos de lado que la senda del tiempo suplica cada vez con mayor prisa hacerse cargo de las obras del pasado del puerto de Valparaíso, incluso más que de su actualidad y ciertamente de lo que está por venir.